Crisis del COVID-19: Resultado de elecciones anteriores

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Análisis retrospectivo del trayecto político y económico que venía anunciando esta escena de catástrofe

Graciela Rodríguez¹

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Hay una gran cantidad de noticias y artículos en Internet sobre la pandemia que nos afecta en su dimensión de crisis de salud, pero también como un colapso económico que ya comienza a notarse y, también, en otras dimensiones: política, social y ambiental. Sin embargo, pocos de ellos dirigen el análisis a observar el espejo retrovisor para ver cómo llegamos hasta aquí.

Escribiendo desde América Latina, esta mirada retrospectiva no debería ser un esfuerzo retórico, sino una forma de analizar las causas que motivaron en gran medida esta gigantesca crisis del neoliberalismo, ahora dramática debido al temor pandémico.

Por esta razón considero necesario, en primer lugar, enfatizar que esta crisis -que se prevé será prolongada- es el resultado en gran medida de las políticas neoliberales que se han implementado en las últimas décadas. Esas macropolíticas son variadas y ahora muestran sus efectos nocivos. Aquí trataremos de enfocarnos en dos de ellas: la promoción del «libre comercio» y la liberalización de las inversiones, políticas que pueden considerarse la base de la globalización en expansión desde la década de 1980, y que actualmente está empeorando sus efectos, como hemos venido denunciado durante mucho tiempo².

Fueron los acuerdos de libre comercio (TLC) y la flexibilización de los flujos de capital a través de los acuerdos de inversión (TBI) impuestos por los países del Norte, especialmente los EE. UU y Europa, y más tarde por la OMC -Organización Mundial del Comercio- lo que facilitó la integración del mundo productivo agrícola e industrial, en particular, y la mayoría de las actividades económicas, incluidos diversos servicios.

La liberalización del comercio agrícola, que alentó la concentración brutal de tierras para monocultivos en la mayoría de los países latinoamericanos, para la exportación de productos básicos (soja, carne, pollo, etc.) y otros productos primarios, como madera, pesca, productos del extractivismo, etc. agravada por «la exacerbación del uso de pesticidas, la presencia de antinutrientes, la contaminación del agua, el quebrantamiento de los ecosistemas y los crímenes socioambientales»³, todo lo cual actualmente está causando el debilitamiento del sistema inmunológico de la población y aumentando las serias perspectivas de colapso de la seguridad y soberanía alimentaria y nutricional en nuestros países.

A su vez, la apertura de las fronteras nacionales para la entrada de grandes corporaciones en el comercio de servicios fue decisiva en los procesos de privatización, especialmente para servicios esenciales como salud, distribución de agua, saneamiento, energía, educación e investigación científica, telecomunicaciones, etc. Estos servicios que han sido atacados por el desmantelamiento de los estados y sus políticas públicas son los que hoy están en el centro de la crisis social y de salud.

Si a esto le sumamos las negociaciones de Propiedad Intelectual a través de la extensión del sistema de patentes, especialmente para medicamentos, insumos médicos, semillas, tecnologías industriales, técnicas audiovisuales, etc.5, se completa la imagen del colapso en el que está entrando el mundo.

Finalmente, cabe señalar la importancia de la liberalización global de los flujos de inversión, promovida por la desregulación financiera y basada en la demanda de seguridad jurídica alentada constantemente por las grandes corporaciones transnacionales, que es sin duda el pilar fundamental del crecimiento del sistema de deuda pública y privada y de las burbujas financiero- especulativas. Su detonación en la crisis de 2008, que se ha prolongado hasta ahora, explota nuevamente disimulada por este virus al que pretenden ahora atribuirle sus costos. El coronavirus solo precipita y magnifica trágicamente la crisis que surgió en la carrera por la desregulación financiera neoliberal. Una brutal crisis capitalista que, solapada por la pandemia, logrará causar un colapso económico de proporciones nunca vistas a escala global, aún más intenso debido a la apuesta hecha por las élites -a nivel nacional y global- de continuar en este capitalismo de casino.

Podríamos enumerar muchos otros elementos de las políticas neoliberales y las negociaciones internacionales de las últimas décadas que han actuado como argamasa para la crisis actual. Sin embargo, estos cuatro aspectos de los acuerdos comerciales y de inversión constituyen el núcleo duro del problema que nos arrastró a esta crisis económica, social y también de salud.

La falta de políticas de salud pública para la atención universal, la insuficiencia de personal para atender a las personas afectadas, la precariedad de las instalaciones, la falta de insumos médicos necesarios, la ausencia de inversión en investigación científica, entre otros aspectos cruciales para enfrentar la epidemia en cada país, muestran crudamente las políticas neoliberales fallidas. Todo esto se suma a un modelo alimentario basado en la agricultura química, la cría industrial de animales y la pérdida significativa de biodiversidad -de hecho una de las razones ya probadas para la proliferación de nuevos virus-, que reflejan el modelo productivo diseñado por la globalización neoliberal y la perversa división internacional del trabajo que se ha intensificado, condenando a América Latina a una deriva extractivista. A su vez, los grupos de presión farmacéuticos compitiendo entre ellos en torno a una posible vacuna u otros suministros hospitalarios y de salud -convenientemente protegidos por patentes-, sumado al uso de los sistemas de demandas judiciales internacionales de los inversores hacia los Estados, resultan también muy inquietantes.

En este marco, las mujeres, vinculadas a la vida cotidiana y responsables diariamente de la subsistencia de millones de personas, sufrirán enormes impactos por esta ausencia de políticas públicas que refuerza la pandemia, tanto con el aumento de su trabajo para satisfacer estas necesidades, como por su enorme presencia en los mercados informales y el mayor desempleo que sufren en la mayoría de los países de la región7. El costo y el endeudamiento resultante de enfrentar esta vida cotidiana, con la carga reforzada por la epidemia, ya están siendo sumada sobre las espaldas de las mujeres y muy pronto se reflejará en el refuerzo de las desigualdades de género en las sociedades latinoamericanas.

La inseguridad alimentaria y el colapso de la soberanía alimentaria en innumerables países se convierte en una perspectiva palpable a corto y mediano plazo, acelerados por un sistema agroalimentario industrial tóxico, y ahora amenazados por la caída del comercio internacional que supuestamente sería el recurso a ser utilizado por los países, de acuerdo con los argumentos de quienes alentaron la exportación proveniente del agronegocio en los países del sur global.

El auxilio de billones de dólares de los gobiernos de EE. UU. y Europa a los bancos privados más grandes, para el derrame de apoyos a las poblaciones y empresas afectadas por la crisis, tiene un estilo de película que ya conocemos y que solo profundizó la crisis en 2008. Los gobiernos vuelven a prestar a empresas y personas en un momento en que hay un nivel muy alto de deuda privada como porcentaje de la deuda en muchos países.8  Recorrer nuevamente la cadena de endeudamiento de las empresas y especialmente de las familias para no disminuir el flujo del consumo global no trae expectativas alentadoras.9

Sin embargo, como siempre, «en las crisis no hay neoliberales» y nadie recuerda estas políticas perjudiciales. Por lo tanto, las soluciones del sistema capitalista apuntan una vez más, sin pudor, al pedido de ayuda de los Estados -desmantelados por las políticas de «austericidio”- para recuperar el comercio internacional y las cadenas de producción mundiales fallidas y, de tal modo, salvar al sistema financiero y a los bancos «demasiado grandes para quebrar».

Estas notas y cuestiones, aunque muy resumidas, buscan fomentar reflexiones que deben hacerse con urgencia, de modo que nos permitan avanzar de nuevas maneras en las esferas locales, nacionales e incluso internacionales de encarar la transición de los sistemas de producción y comercio internacional, y los cambios necesarios para garantizar una vida digna para las poblaciones en el mundo.

Frente a estos dilemas el feminismo, en repetidas oportunidades, ha ofrecido una visión desde la economía feminista que insistentemente habla en la perspectiva de un mundo igualitario, poniendo «la vida en el centro».

Tal vez sea la hora de escuchar esa voz…

 

NOTAS:

1. Coordinadora del Instituto EQÜIT – Gênero, Economia e Cidadania Global-, forma parte de la Red de Género y Comercio e integra la Coordinación de la REBRIP – Rede Brasileira pela Integração dos Povos.

2. Diversos artículos en Rebrip – http://www.rebrip.org.br/

3. Marciano Silva y Leonardo Melgarejo https://mpabrasil.org.br/noticias/artigo-ogms-15-anos-no-brasil-em-epoca-de-coronavirus/

4. ISP- PSI. Adhemar Mineiro.”Acuerdos comerciales entre la UE y las Américas: Algunos elementos comparativos”. SP. Abril 2019

5.  deolhonaspatentes.org \ GTPI – REBRIP

6. Rodríguez, Graciela, “O sistema financiero e o endividamento das mulheres”. Inst. EQUIT\ Rede Gênero e Comercio. 2020.

7 Espino, Alma. “América Latina: una mirada feminista sobre una región convulsionada”. Red de Género y Comercio. 2019. Bs As.

8. Mariana Mazucatto http://obela.org/nota/la-triple-crisis-del-capitalismo 

9.  Sanchis, Norma – Org. “Mujeres ante la crisis: Endeudarse para vivir”. Red de Género y Comercio. Buenos Aires. 2019.

 

                                                  

 

 

 

 

 

 

 

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La Red de Género y Comercio reúne a mujeres latinoamericanas interesadas en investigar y difundir los efectos diferenciales de las políticas económicas y los acuerdos comerciales, y los intereses que motorizan las corporaciones transnacionales y otros actores económicos y sociales en la región.

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