Superar esta crisis requiere una ética del cuidado

Graciela Rodriguez y Tatiana Oliveira*

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La aparición del covid-19 como una pandemia mundial nos ha puesto en medio a una gran crisis de salud y una crisis civilizatoria. En este contexto, el gobierno brasileño continuó diciendo que la población debería elegir entre salvar la economía o sus vidas. En una economía de mercado, el objetivo es el beneficio, no las personas. Sin embargo, la economía está hecha por personas y no existe sin ellas. Superar esta crisis requiere poner la vida en el centro de nuestras preocupaciones y rehacer la red de cuidado comunitaria, que fue destruida por el neoliberalismo.

 

La economía está hecha por personas y solo existe con ellas

Este es uno de los ejes del pensamiento económico propuesto por las feministas. Para el feminismo, la economía es un modo de organización social que se caracteriza por la interdependencia de las personas entre ellas y entre ellas y la naturaleza.

No es posible imaginar que una economía pueda desarrollarse independientemente de las personas. El simple hecho de que la relación entre economía y vida pueda presentarse públicamente como un dilema, establece el tono para el desafío que tenemos ante nosotros. El Covid-19 nos obliga a enfrentar la brutalidad del neoliberalismo.

Si desde un punto de vista retórico lo que podemos escuchar es el choque entre economía y vida, presentadas como rivales, lo que parece estar en juego es la conversión forzada de la sensibilidad popular lejos de ideas como las de solidaridad y dignidad. La extrema derecha quiere destruir lo social.

En el capitalismo financiero, la economía se impone a la vida (de todos nosotros) como corolario de un viejo mecanismo de subordinación: la deuda. La deuda permite el consumo permanente y necesario para que funcione el capitalismo. Ya no son cadenas y látigos, cosas tangibles, que vienen para obligarnos, pero la deuda se impone como un código disciplinario sobre las relaciones sociales.

 

El neoliberalismo ha aumentado el número de personas que viven al margen del Estado

Durante la pandemia, el vacío de las calles o, por el contrario, la imagen de los cuerpos que, por necesidad absoluta, insisten en circular en ellas, muestra que el neoliberalismo ha aumentado el número de personas que viven en los márgenes del Estado, sin acceso a prácticamente ningún dispositivo de protección social.

En el siglo XX el trabajo fue el pilar sobre el cual el Estado pudo construir la estructura de las políticas de asistencia social. Pero la crisis salarial (el componente verdaderamente chino de esta crisis) y el aumento de la informalidad han creado un vacío protector frente al que todavía no tenemos respuestas. Por el momento, el resultado ha sido nada menos que precariedad, abandono y desolación.

El drama social que hace visible la crisis del coronavirus provoca una advertencia: es urgente repensar la concepción heredada del siglo pasado sobre el trabajo. Necesitamos entender, como las feministas, que la definición de todo trabajo que no se valora como tal, como en el caso de las tareas domésticas, indica los términos de una actualización de las formas de explotación. Esto significa que la forma de devaluación e invisibilidad del trabajo, así como la forma de opresión contra las minorías, eventualmente se transborda al resto de la sociedad.

La opresión contra las mujeres ha sido y es un laboratorio para la opresión contra la sociedad en general. La precariedad del trabajo es un movimiento continuo que está afectando a toda la sociedad. Solo podremos ofrecer respuestas a las diferentes configuraciones del trabajo si recurrimos a su dinámica de multiplicación. No existe una forma de trabajo, sino una proliferación cada vez mayor de modalidades de trabajo.

 

Bajo el neoliberalismo, el Estado se mueve hacia la frontera de la legalidad

El ataque a las democracias bajo el neoliberalismo es tan profundo como la destrucción de las instituciones que lo apoyan. No se trata solo de la extinción de los ministerios o la asfixia de acciones y políticas debido a la falta de recursos. Nos enfrentamos a una fuerte guerra de ideas y valores. Un ejemplo de esto es el terreno arenoso que define el límite entre legalidad e ilegalidad.

El neoliberalismo trabaja para normalizar prácticas que alguna vez se consideraron inmorales o ilegales en el pasado. Este es el caso de las nuevas formas de explotación laboral, como mencionamos, o la imposición de la deuda (personal, familiar) como instrumento de vigilancia y control («no pienses en una crisis, trabaja»).

Como el papel del gobierno ahora es gobernar la economía en estrecha relación con las corporaciones, dando forma al entorno empresarial para favorecer a los ricos, el Estado ahora tiene que adaptarse y formar parte de la ilegalidad. Aquí es donde lo legal y lo ilegal revelan su conexión intrínseca con la dimensión de poder que los define. Porque la fluidez de las concepciones sobre la ilegalidad revela, finalmente, quién está en el poder.

Cuando el Estado se mueve hacia la frontera de la legalidad, permite el desarrollo de lo que llamamos «capitalismo de la ilegalidad». La ilegalidad es un residuo de la desregulación. Al mismo tiempo, no se limita al desmantelamiento de las políticas sociales. Lo que este nuevo marco de legalidad / ilegalidad hace es crear un nuevo perímetro para la definición de lo humano, que determina qué cuerpos / territorios deben ser atendidos y cuáles pueden agotarse. La violencia es parte de la historia del capitalismo, como lo enseña Silvia Federici.

Hoy, somos testigos de la colusión entre la institucionalidad, el capital financiero y varios mecanismos criminales que van desde las mafias de toga hasta las milicias políticas o paramilitares. Por lo tanto, la recuperación del papel del estado pasa por una etapa turbia y sombría. La afiliación con la narcopolítica no termina con el liderazgo en la cumbre del gobierno en Brasil, sino que penetra en el Estado como una lógica del funcionamiento burocrático.

 

Esta es una crisis de la reproducción social, la solución es una ética del cuidado

Como Mariarosa Dalla Costa lo expresó muy bien en 1995, la esfera de la reproducción social de la vida revela «todos los pecados originales del modo de producción capitalista». Desde entonces, el capitalismo confirma y exacerba esta perspectiva. Lo que hace que la crisis de salud del coronavirus sea tan dramática es la fragilidad, en algunos casos ausencia, de políticas destinadas a mantener la vida.

Esta enfermedad, que no tiene protocolo de atención, ni vacunas, medicamentos o cura, hizo inevitable la fragilidad de la vida y expuso las dificultades de los gobiernos para responder a emergencias humanitarias, después de décadas de políticas austeras. Al mismo tiempo, es por eso que tenemos espacio para discutir un nuevo pacto social basado en una ética del cuidado.

Cuando, en la década de 1980 la economía feminista presentó la necesidad imperiosa de «poner la vida en el centro», no hizo nada más que poner atención en el escenario cotidiano, puntuando el tiempo y los ritmos de la vida, volviéndose al revés la lógica del beneficio primero. Las feministas desafían y replantean la economía como una ciencia social capaz de buscar las mejores formas de satisfacer las necesidades de las personas.

Este es el verdadero dilema que surge en el escenario actual, cuando los líderes mundiales como Trump, Boris Johnson o Bolsonaro logran que la idea de salvar economías sea aceptable, priorizando los intereses de las empresas y justificando la sobreexplotación de las personas. Inventar un mundo nuevo es una cuestión de vida o muerte.

Necesitamos reanudar la discusión sobre una ética del cuidado. De una manera sin precedentes, la importancia de los amplios sistemas de políticas públicas para la atención colectiva está fuera del marco del trabajo formal. Es, por lo tanto, el momento de reconocer las múltiples formas del trabajo, redefinir las ideas e insistir en formas de organización comunitaria, como lo enseña el ecofeminismo, en las que tenemos el desafío de encontrar soluciones locales para el funcionamiento cotidiano de la vida.

Esta pandemia puede ser la trágica oportunidad para que cuestionemos el modelo productivo y gubernamental actual con el fin de, finalmente, buscar un movimiento de cambio que abrace la lógica del cuidado. Superar esta crisis requiere enfrentar la vulnerabilidad, que nos constituye como seres humanos, y la ecodependencia, que nos une con la naturaleza.

Abril 2020

 

*Graciela Rodriguez es socióloga, feminista, coordinadora del Instituto EQÜIT e investigadora de la Red de Género y Comercio.
Tatiana Oliveira, Post-doctora en Relaciones Internacionales e investigadora en el grupo de trabajo Anticapitalismos y Sociabilidades Emergentes (ACySE / CLACSO).

Crisis del COVID-19: Resultado de elecciones anteriores

Análisis retrospectivo del trayecto político y económico que venía anunciando esta escena de catástrofe

Graciela Rodríguez¹

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Hay una gran cantidad de noticias y artículos en Internet sobre la pandemia que nos afecta en su dimensión de crisis de salud, pero también como un colapso económico que ya comienza a notarse y, también, en otras dimensiones: política, social y ambiental. Sin embargo, pocos de ellos dirigen el análisis a observar el espejo retrovisor para ver cómo llegamos hasta aquí.

Escribiendo desde América Latina, esta mirada retrospectiva no debería ser un esfuerzo retórico, sino una forma de analizar las causas que motivaron en gran medida esta gigantesca crisis del neoliberalismo, ahora dramática debido al temor pandémico.

Por esta razón considero necesario, en primer lugar, enfatizar que esta crisis -que se prevé será prolongada- es el resultado en gran medida de las políticas neoliberales que se han implementado en las últimas décadas. Esas macropolíticas son variadas y ahora muestran sus efectos nocivos. Aquí trataremos de enfocarnos en dos de ellas: la promoción del «libre comercio» y la liberalización de las inversiones, políticas que pueden considerarse la base de la globalización en expansión desde la década de 1980, y que actualmente está empeorando sus efectos, como hemos venido denunciado durante mucho tiempo².

Fueron los acuerdos de libre comercio (TLC) y la flexibilización de los flujos de capital a través de los acuerdos de inversión (TBI) impuestos por los países del Norte, especialmente los EE. UU y Europa, y más tarde por la OMC -Organización Mundial del Comercio- lo que facilitó la integración del mundo productivo agrícola e industrial, en particular, y la mayoría de las actividades económicas, incluidos diversos servicios.

La liberalización del comercio agrícola, que alentó la concentración brutal de tierras para monocultivos en la mayoría de los países latinoamericanos, para la exportación de productos básicos (soja, carne, pollo, etc.) y otros productos primarios, como madera, pesca, productos del extractivismo, etc. agravada por «la exacerbación del uso de pesticidas, la presencia de antinutrientes, la contaminación del agua, el quebrantamiento de los ecosistemas y los crímenes socioambientales»³, todo lo cual actualmente está causando el debilitamiento del sistema inmunológico de la población y aumentando las serias perspectivas de colapso de la seguridad y soberanía alimentaria y nutricional en nuestros países.

A su vez, la apertura de las fronteras nacionales para la entrada de grandes corporaciones en el comercio de servicios fue decisiva en los procesos de privatización, especialmente para servicios esenciales como salud, distribución de agua, saneamiento, energía, educación e investigación científica, telecomunicaciones, etc. Estos servicios que han sido atacados por el desmantelamiento de los estados y sus políticas públicas son los que hoy están en el centro de la crisis social y de salud.

Si a esto le sumamos las negociaciones de Propiedad Intelectual a través de la extensión del sistema de patentes, especialmente para medicamentos, insumos médicos, semillas, tecnologías industriales, técnicas audiovisuales, etc.5, se completa la imagen del colapso en el que está entrando el mundo.

Finalmente, cabe señalar la importancia de la liberalización global de los flujos de inversión, promovida por la desregulación financiera y basada en la demanda de seguridad jurídica alentada constantemente por las grandes corporaciones transnacionales, que es sin duda el pilar fundamental del crecimiento del sistema de deuda pública y privada y de las burbujas financiero- especulativas. Su detonación en la crisis de 2008, que se ha prolongado hasta ahora, explota nuevamente disimulada por este virus al que pretenden ahora atribuirle sus costos. El coronavirus solo precipita y magnifica trágicamente la crisis que surgió en la carrera por la desregulación financiera neoliberal. Una brutal crisis capitalista que, solapada por la pandemia, logrará causar un colapso económico de proporciones nunca vistas a escala global, aún más intenso debido a la apuesta hecha por las élites -a nivel nacional y global- de continuar en este capitalismo de casino.

Podríamos enumerar muchos otros elementos de las políticas neoliberales y las negociaciones internacionales de las últimas décadas que han actuado como argamasa para la crisis actual. Sin embargo, estos cuatro aspectos de los acuerdos comerciales y de inversión constituyen el núcleo duro del problema que nos arrastró a esta crisis económica, social y también de salud.

La falta de políticas de salud pública para la atención universal, la insuficiencia de personal para atender a las personas afectadas, la precariedad de las instalaciones, la falta de insumos médicos necesarios, la ausencia de inversión en investigación científica, entre otros aspectos cruciales para enfrentar la epidemia en cada país, muestran crudamente las políticas neoliberales fallidas. Todo esto se suma a un modelo alimentario basado en la agricultura química, la cría industrial de animales y la pérdida significativa de biodiversidad -de hecho una de las razones ya probadas para la proliferación de nuevos virus-, que reflejan el modelo productivo diseñado por la globalización neoliberal y la perversa división internacional del trabajo que se ha intensificado, condenando a América Latina a una deriva extractivista. A su vez, los grupos de presión farmacéuticos compitiendo entre ellos en torno a una posible vacuna u otros suministros hospitalarios y de salud -convenientemente protegidos por patentes-, sumado al uso de los sistemas de demandas judiciales internacionales de los inversores hacia los Estados, resultan también muy inquietantes.

En este marco, las mujeres, vinculadas a la vida cotidiana y responsables diariamente de la subsistencia de millones de personas, sufrirán enormes impactos por esta ausencia de políticas públicas que refuerza la pandemia, tanto con el aumento de su trabajo para satisfacer estas necesidades, como por su enorme presencia en los mercados informales y el mayor desempleo que sufren en la mayoría de los países de la región7. El costo y el endeudamiento resultante de enfrentar esta vida cotidiana, con la carga reforzada por la epidemia, ya están siendo sumada sobre las espaldas de las mujeres y muy pronto se reflejará en el refuerzo de las desigualdades de género en las sociedades latinoamericanas.

La inseguridad alimentaria y el colapso de la soberanía alimentaria en innumerables países se convierte en una perspectiva palpable a corto y mediano plazo, acelerados por un sistema agroalimentario industrial tóxico, y ahora amenazados por la caída del comercio internacional que supuestamente sería el recurso a ser utilizado por los países, de acuerdo con los argumentos de quienes alentaron la exportación proveniente del agronegocio en los países del sur global.

El auxilio de billones de dólares de los gobiernos de EE. UU. y Europa a los bancos privados más grandes, para el derrame de apoyos a las poblaciones y empresas afectadas por la crisis, tiene un estilo de película que ya conocemos y que solo profundizó la crisis en 2008. Los gobiernos vuelven a prestar a empresas y personas en un momento en que hay un nivel muy alto de deuda privada como porcentaje de la deuda en muchos países.8  Recorrer nuevamente la cadena de endeudamiento de las empresas y especialmente de las familias para no disminuir el flujo del consumo global no trae expectativas alentadoras.9

Sin embargo, como siempre, «en las crisis no hay neoliberales» y nadie recuerda estas políticas perjudiciales. Por lo tanto, las soluciones del sistema capitalista apuntan una vez más, sin pudor, al pedido de ayuda de los Estados -desmantelados por las políticas de «austericidio”- para recuperar el comercio internacional y las cadenas de producción mundiales fallidas y, de tal modo, salvar al sistema financiero y a los bancos «demasiado grandes para quebrar».

Estas notas y cuestiones, aunque muy resumidas, buscan fomentar reflexiones que deben hacerse con urgencia, de modo que nos permitan avanzar de nuevas maneras en las esferas locales, nacionales e incluso internacionales de encarar la transición de los sistemas de producción y comercio internacional, y los cambios necesarios para garantizar una vida digna para las poblaciones en el mundo.

Frente a estos dilemas el feminismo, en repetidas oportunidades, ha ofrecido una visión desde la economía feminista que insistentemente habla en la perspectiva de un mundo igualitario, poniendo «la vida en el centro».

Tal vez sea la hora de escuchar esa voz…

 

NOTAS:

1. Coordinadora del Instituto EQÜIT – Gênero, Economia e Cidadania Global-, forma parte de la Red de Género y Comercio e integra la Coordinación de la REBRIP – Rede Brasileira pela Integração dos Povos.

2. Diversos artículos en Rebrip – http://www.rebrip.org.br/

3. Marciano Silva y Leonardo Melgarejo https://mpabrasil.org.br/noticias/artigo-ogms-15-anos-no-brasil-em-epoca-de-coronavirus/

4. ISP- PSI. Adhemar Mineiro.”Acuerdos comerciales entre la UE y las Américas: Algunos elementos comparativos”. SP. Abril 2019

5.  deolhonaspatentes.org \ GTPI – REBRIP

6. Rodríguez, Graciela, “O sistema financiero e o endividamento das mulheres”. Inst. EQUIT\ Rede Gênero e Comercio. 2020.

7 Espino, Alma. “América Latina: una mirada feminista sobre una región convulsionada”. Red de Género y Comercio. 2019. Bs As.

8. Mariana Mazucatto http://obela.org/nota/la-triple-crisis-del-capitalismo 

9.  Sanchis, Norma – Org. “Mujeres ante la crisis: Endeudarse para vivir”. Red de Género y Comercio. Buenos Aires. 2019.

 

                                                  

 

 

 

 

 

 

 

Crise do COVID19: resultado de escolhas do passado

Análise retrospectiva do trajeto político e econômico que vinha desenhando esta cena de catástrofes

Por Graciela Rodríguez¹

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Corre na internet um enorme número de notícias e  artigos sobre  a  pandemia que nos acomete, na sua dimensão de crise sanitária, mas também enquanto colapso econômico que já começa a se notar, e em suas outras dimensões: políticas, sociais e ambientais. Entretanto, poucos deles direcionam a análise sobre o retrovisor, a ver como chegamos até aqui.

Escrevendo desde América Latina, esse olhar retrospectivo não deve ser um esforço retórico, senão a forma de analisar as causas que motivaram em grande parte esta gigantesca crise do neoliberalismo, agora dramática pelo temor pandêmico.

Por esse motivo, considero necessário em primeiro lugar enfatizar que esta crise que se prognostica prolongada resulta em grande medida das políticas neoliberais que vêm sendo implementadas nas últimas décadas. Variadas são essas macro-políticas que estão mostrando agora seus efeitos nefastos. Aqui tentaremos focar em duas delas,  a  promoção  do  “livre comércio” e a liberalização dos investimentos, políticas que podem ser consideradas bases da globalização que se expande desde os anos 80, e que atualmente recrudescem em seus efeitos que faz muito tempo denunciamos².

Foram os acordos de livre comércio (TLCs) e a flexibilização dos fluxos de capitais através dos acordos de Investimento (TBIs) impostos pelos países do Norte, especialmente EUA e Europa, e depois pela OMC – Organização Mundial do Comércio, os que facilitaram a integração do mundo produtivo agrícola e industrial especialmente, e da maior parte das atividades econômicas, dentre elas os diversos serviços.

A liberalização do comércio agrícola – desenhando a brutal concentração das terras para monoculturas na maior parte dos países de América Latina – para a exportação das commodities (soja, carne, frango etc.) e de outros produtos primários, como madeira, pesca, frutos da floresta, etc. agravada “pela exacerbação no uso de agrotóxicos, pela presença de antinutrientes, pela contaminação da água, pela dilaceração dos ecossistemas e pelos crimes socioambientais”³ questões todas que estão provocando neste momento a fragilização do sistema imunológico da população, e as graves perspectivas de colapso da segurança e da soberania alimentar e nutricional em nossos países.

Por sua vez, a abertura das fronteiras nacionais para a entrada das grandes empresas transnacionais no comércio de serviços foi determinante nos processos de privatização, especialmente dos serviços essenciais como saúde, distribuição de água, saneamento, energia, educação e pesquisa científica, telecomunicações etc.. Serviços atacados pelo desmonte dos estados e suas políticas públicas e que se encontram hoje no centro da crise sanitária e social.

Se somarmos a isto as negociações de Propriedade Intelectual através  da extensão do sistema  de patentes, especialmente para medicamentos, instrumentos médicos, sementes, tecnologias industriais, técnicas audiovisuais, etc.5 completamos o quadro de colapso em que o mundo está entrando.

Finalmente, sinalizar a importância da liberalização global dos fluxos de investimentos promovida pela desregulação financeira e assentada na demanda por segurança jurídica persistentemente alentada pelas grandes corporações transnacionais é com certeza  enxergar o  pilar fundamental do crescimento do sistema da dívida pública e privada, e das bolhas financeiras especulativas. Sua detonação na crise de 2008, que se arrasta até agora, explode novamente dissimulada pelo vírus que, aliás, pagará seus custos. O corona-vírus só precipitou em  forma  trágica  a  crise  surgida na corrida de desregulação financeira neoliberal. Uma brutal crise do capitalismo que, obscurecida pela pandemia, conseguirá provocar um colapso econômico de proporções nunca vistas a escala global, ainda mais intensa pela aposta que fazem as elites nacional e globalmente por continuar nesse capitalismo de cassino, como estamos presenciando mais uma vez.6

Poderíamos listar muitos outros elementos das políticas neoliberais e das negociações internacionais das últimas décadas que agiram como argamassa da crise atual.  Entretanto, esses quatro aspectos dos acordos de comércio e investimentos formam o principal  núcleo duro  da problemática que nos arrastou a esta crise econômica, social e também sanitária.

A falta de políticas públicas de saúde de atendimento universal, a carência de pessoal para atendimento das pessoas afetadas, a precariedade das instalações e do instrumental médico necessário, a falta de investimento em pesquisa científica, dentre outros aspectos cruciais para o enfrentamento da epidemia em cada país, mostram cruamente as políticas neoliberais falidas. Tudo isso somado ao modelo alimentar das populações baseada na agricultura química, na criação industrial de animais e na perda significativa de biodiversidade, aliás, um dos motivos já comprovado para proliferação de novos vírus – que refletem o modelo produtivo desenhado pela globalização neoliberal, com a perversa divisão internacional do trabalho que  tem-se intensificado, condenando a América Latina à deriva extrativista. Por sua vez, a atuação  dos lobbys farmacêuticos em torno a uma possível vacina, e a outros insumos hospitalares  e  de  saúde, protegidos pelas patentes e os sistemas de demandas dos investidores sobre os Estados, também não são tranquilizantes.

Nesse sentido, as mulheres, ligadas ao cotidiano da vida e responsáveis cotidianas pela subsistência de milhões de pessoas, sofrerão enormes impactos dessa ausência de políticas públicas que vem reforçar a pandemia, tanto com o aumento do seu trabalho para suprir essas carências, como  também pela sua maior presença nos mercados informais e o  maior desemprego que sofrem na maior parte dos países da região7. O custo e o endividamento resultantes do enfrentamento a esse cotidiano, com a carga reforçada pela epidemia,  já está  sendo adicionado sobre as costas das mulheres, e muito em  breve  se  verá  traduzido no reforço às desigualdades de gênero das sociedades latino-americanas.

A insegurança alimentar e a quebra da soberania alimentar em inumeráveis países torna-se uma perspectiva palpável a curto e médio prazo, aceleradas por um sistema agroalimentar industrial tóxico, e agora ameaçada pela queda do comércio internacional que seria pretensamente  o recurso a ser utilizado pelos países, segundo as argumentações de quem  alentava  o agronegócio exportador nos países do sul global.

O trilionário apoio dos governos de EUA e da Europa aos maiores bancos privados  para  a derrama de apoio às populações e empresas atingidas pela crise tem um estilo  de  filme revisitado que já conhecemos, e que só aprofundou a crise em 2008. Os governos voltam a emprestar às empresas e as pessoas num momento com um nível muito elevado de  dívida privada, em percentual da dívida em inúmeros países8. Percorrer novamente a cadeia de endividamentos de empresas e especialmente das famílias para não diminuir o fluxo de consumo global não traz expectativas animadoras…9

Porém e como sempre, “nas crises não existem neoliberais” e ninguém  se  lembra  dessas políticas nefastas. Assim, as soluções do sistema capitalista voltam a apontar sem pudor para o auxílio dos Estados, desmontados pelas políticas de “austericídio”, para recuperar o comércio internacional e as falidas cadeias globais de produção e para salvar o sistema financeiro e os bancos “grandes demais para quebrar”.

Esses apontamentos e questionamentos, ainda que muito resumidos,  buscam  nutrir reflexões que devem ser feitas com urgência, para que nos permitam avançar em  formas  novas,  em âmbitos locais, nacionais e até internacionais de encarar os sistemas produtivos, o comércio internacional e as mudanças necessárias para a garantia de uma vida digna para as populações do mundo.

Diante desses dilemas, o feminismo, em reiteradas oportunidades, tem oferecido a mirada da economia feminista, que insistentemente vem trazendo a perspectiva de um mundo igualitário e falando em colocar “a vida no centro”. Talvez seja o momento de ouvir essa voz…

 

NOTAS:

1. A autora é Coordenadora do Instituto EQÜIT – Gênero, Economia e Cidadania Global-, forma parte da Rede de Gênero e Comercio e é membro da Coordenação da REBRIP – Rede Brasileira pela Integração dos Povos.

2. Diversos artigos Rebrip – http://www.rebrip.org.br/

3. Marciano Silva e Leonardo Melgarejo https://mpabrasil.org.br/noticias/artigo-ogms-15-anos-no-brasil-em-epoca-de-coronavirus/

4. ISP- PSI. Adhemar Mineiro.”Acuerdos comerciales entre la UE y las Américas: Algunos elementos comparativos”. SP. Abril 2019

5.  deolhonaspatentes.org \ GTPI – REBRIP

6. Rodríguez, Graciela, “O sistema financiero e o endividamento das mulheres”. Inst. EQUIT\ Rede Gênero e Comercio. 2020.

7 Espino, Alma. “América Latina: una mirada feminista sobre una región convulsionada”. Red de Género y Comercio. 2019. Bs As.

8. Mariana Mazucatto http://obela.org/nota/la-triple-crisis-del-capitalismo 

9.  Sanchis, Norma – Org. “Mujeres ante la crisis: Endeudarse para vivir”. Red de Género y Comercio. Buenos Aires. 2019.

                                                  

 

 

 

 

La Red de Género y Comercio reúne a mujeres latinoamericanas interesadas en investigar y difundir los efectos diferenciales de las políticas económicas y los acuerdos comerciales, y los intereses que motorizan las corporaciones transnacionales y otros actores económicos y sociales en la región.

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