LAS TRAMAS DE LA VIOLENCIA ECONÓMICA Y EL IMPACTO DEL LIBRE COMERCIO

PANEL 1


Coordinado por:
Florencia Partenio (DAWN, Argentina)

Participaron:
Graciela Rodríguez (Red de Género y Comercio – Instituto Eqüit, Brasil)
Alma Espino (Red de Género y Comercio – CIEDUR, Uruguay)
Corina Rodríguez Enríquez (CIEPP-CONICET-DAWN, Argentina)
Verónica Gago (Ni Una Menos, Argentina)

Graciela Rodríguez, socióloga feminista, de Eqüit y Articulacao de Mulheres Brasileiras y Red de Género y Comercio (Brasil)

“¿Por qué la OMC tiene que ver con nuestras vidas? 
La OMC es el espacio donde se deciden las políticas comerciales del mundo, es el lugar donde los países se juntan para definir las reglas del comercio. Pero sabemos que se ha ido construyendo como un espacio donde las que dictan las reglas son las grandes empresas transnacionales a partir de las negociaciones que hacen los Estados nacionales.
¿Qué discute la OMC? La vida toda de las personas. La vida misma. Porque se discute desde la agricultura, que afecta a millones de personas en el mundo, pero también el precio de los alimentos, y por eso la soberanía alimentaria, es decir la capacidad de los países de tener sus propias reglas y decidir su alimentación. Nos toca a todos y a todas.
Otro tema que se conoce menos es la discusión sobre los servicios; estamos hablando de que la mayor parte de la economía de los países, entre el 60 y el 80% de las economías, es de servicios. Se habla de la “servificación de las economías. ¿Y qué se discute ahí? De nuevo, todo: el acceso al agua y al saneamiento, al transporte, a las telecomunicaciones, los servicios ambientales, el servicio financiero, y aquí las operaciones bancarias, además de la circulación de las personas en el mundo. 
La OMC viene hablando de liberalización, del libre flujo de mercancías y capitales. Pero es con relación a las personas que la liberalización no funciona. No hay libre flujo y cada vez es más complicado el tema de la circulación de las personas, que da lugar a las migraciones y a las mil formas de problemáticas».

 

Alma Espino (Red de Género y Comercio – CIEDUR, Uruguay)

“Las economistas feministas decimos que el principal objetivo de los funcionamientos de las economías debe ser la sostenibilidad de la vida, el bienestar, y no la acumulación de beneficios. 
Pero partimos de la base de que existen relaciones de subordinación que no son solamente las económicas y las de clase, sino que son muy importantes las de género y que se intersectan con tantas otras desigualdades. 
No existe la neutralidad de las políticas macroeconómicas -entre las cuales está la política comercial- respecto de la desigualdad de género. 
Decimos que no es lo mismo una política comercial que otra, una política tributaria que otra. Porque partimos de una base de la realidad donde existen desigualdades. Las mujeres y los hombres no ganamos en promedio los mismos salarios aunque trabajemos las mismas horas, aunque tengamos mayor escolaridad que los varones; muchos de nuestros trabajos suelen ser más informales que los de los varones, y en mayores condiciones de mayor precariedad. Pero también nos vemos restringidas, no solo por esos efectos del mercado de trabajo sino porque hay un reparto inequitativo del tiempo de trabajo no remunerado: del tiempo que le dedicamos al trabajo doméstico y de cuidado. Es decir hacerse cargo de todas las actividades del hogar y del cuidado de los miembros del hogar o de otros familiares que requieren de cuidados.”

Corina Rodríguez Enríquez (CIEPP-CONICET-DAWN, Argentina)

«Pensamos a la OMC como el espacio que representa a este capitalismo financierizado global, como un símbolo de esta violencia del capitalismo. 
(…) Este capitalismo funciona como representación del poder concentrado de las corporaciones. Y la captura del Estado por parte de estas grandes empresas yo creo que está ahora en una situación extrema. Las corporaciones transforman lo público, lo común, en negocio. Y estos espacios como la OMC sirven para generar las condiciones para que las corporaciones puedan hacer negocios de estos espacios comunes de la vida.
La OMC sirve también para aceitar los mecanismos de flujo de todo, entre ellos los financieros lícitos e ilícitos. Porque esta posibilidad que las corporaciones tienen -con mecanismos legales -de hacer circular los recursos muy libremente, consolidan la posibilidad de evasión y elusión tributaria y con eso van cercenando todavía más las posibilidades que los Estados tienen de hacer políticas públicas. Esto afecta directamente a la vida de las mujeres porque restringe los recursos para que los estados puedan ejercer políticas de igualdad, porque reduce los espacios de políticas públicas, pero también porque estos mecanismo de circulación de los flujos financieros lícitos son los mismos que usan los flujos ilícitos que surgen no solo de la evasión tributaria, sino también de las actividades ilícitas como la trata de personas para explotación sexual y laboral que afecta de manera muy particular a las mujeres.
Y quisiera llamar la atención sobre el peligro que entraña que desde el ámbito oficial (de la OMC) se hable de incorporar en la agenda la cuestión del empoderamiento económico de las mujeres. Se habrán enterado de que existe un borrador de declaración oficial que propone incorporar este tema en las discusiones. Y esta declaración está cargada de conceptos errados y de una visión del empoderamiento económico de las mujeres sumamente restrictiva. Y lo que nos impone es el riesgo de que parezca que la OMC tiene sensibilidad por los problemas de género, está preocupada, y está promoviendo acuerdos que van a ser beneficiosos para las mujeres y para reducir las brechas de género. 
El mayor problema es que no asume las barreras estructurales para el empoderamiento económico de las mujeres y no reconoce que los mecanismos de liberalización comercial y financiera han tenido consecuencias negativas para la vida de las mujeres, han sostenido estrategias de desarrollo basadas en la explotación de las mujeres y en el aprovechamiento de las desventajas comparativas.»

Verónica Gago, (Ni una menos)

«Las finanzas aparecen como el grado de mayor abstracción del capital, nos cuesta traducir cómo eso impacta en nuestras vidas cotidianas. Pero esas finanzas aterrizan en nuestras vidas cotidianas y en los territorios de que somos parte.
Porque las finanzas lo que hacen es capturar las formas en que hoy producimos valor. 
Hoy las finanzas capturan y se benefician de economías que no son reconocidas como tales: las informales, populares, las economías femeninas, del barrio, del territorio. Las finanzas leen esa vitalidad popular y en particular cómo las mujeres organizamos en los barrios, en los territorios, en los comedores y en los merenderos la reproducción social de la vida. 
Y las finanzas lo que hacen es explotar y extraer valor de esas nuevas formas de trabajo que podemos llamar trabajo social y productor de valor. Es un salto cualitativo porque lo que hacen las finanzas es endeudarnos, obligarnos a bancarizarnos compulsivamente con este lenguaje muy engañoso de la inclusión financiera. La promesa que nos hacen es que nos incluimos en la medida que somos sujetos de crédito. Sujetos de deuda.
¿Y qué prometemos, qué damos como garantía si no es el salario? Nos comprometemos a trabajar de cualquier cosa para pagar. Vamos a hacer lo que sea, a rejuntar distintos ingresos, distintos trabajos, vamos a gestionar nuestra precariedad y nuestra intermitencia laboral para obligarnos a pagar. Porque no podemos caer en el veraz, porque tenemos que refinanciar nuestras propias deudas, y así vamos entramándonos en esto que es como funcionan las tramas económico-financieras en nuestras vidas cotidianas.
El segundo punto es el tipo de violencia que esta dinámica financiera organiza en los territorios. Porque se pasa un umbral de violencia justamente porque las economías ilegales son las que están disputando el flujo de efectivo en los territorios; son las que nos proveen la solución más rápida, más inmediata con costos altísimos, pero las que nos proveen el flujo para pagar. Son bolsa de trabajo ilegal, precaria pero efectiva y lo que nos obliga a ser deudoras responsables.
Porque esto viene acompañado de un discurso de moralización sobre la responsabilidad que tenemos las mujeres, que somos las mejores deudoras, todo ese discurso que habrán escuchado en las propuestas de microcrédito, porque tenemos la responsabilidad de nuestros hijos, no nos vamos del territorio, tenemos redes comunitarias…
Hoy las dinámicas financieras nos proponen atravesar la crisis, el ajuste, la restricción de servicios públicos y el encarecimiento de alimentos de manera compulsiva y privada individual. Nosotras financiamos de manera personal, individual, este aumento permanente de los costos de reproducción de la vida.»

La Red de Género y Comercio reúne a mujeres latinoamericanas interesadas en investigar y difundir los efectos diferenciales de las políticas económicas y los acuerdos comerciales, y los intereses que motorizan las corporaciones transnacionales y otros actores económicos y sociales en la región.

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